Una API es la puerta por la que un programa le pide cosas a otro programa, con unas reglas fijas: qué se puede pedir, cómo hay que pedirlo y qué forma tiene la respuesta. La sigla viene del inglés Application Programming Interface, «interfaz de programación de aplicaciones»1. Cuando una web enseña un mapa de Google, cuando el chatbot de una tienda responde con ChatGPT o cuando el móvil te dice el tiempo de mañana, hay una API trabajando por detrás.
Una empresa como Google u OpenAI no te deja entrar en sus ordenadores, pero sí te abre una ventanilla. Tú dejas la petición escrita en el formato que ellos exigen, ellos hacen el trabajo y te devuelven el resultado. Esa ventanilla, con su tarifa y sus normas, es la API.
Qué es una API, sin jerga
Piensa en el mostrador de una farmacia. Tú no entras en la rebotica ni sabes dónde está cada caja: pides un medicamento por su nombre, el farmacéutico va, lo busca y te lo da. Si pides algo que no existe o sin la receta que hace falta, te dice que no, y te dice por qué. Una API funciona igual:
- La petición. Lo que el programa pide, escrito en el formato exacto que marca el proveedor: «dame el mapa de esta dirección», «responde a esta pregunta».
- Las reglas. Qué se puede pedir, quién puede pedirlo (normalmente con una clave), cuántas veces y cuánto cuesta.
- La respuesta. Los datos que vuelven, casi siempre en un formato de texto ordenado que el programa que preguntó sabe leer.
Amazon Web Services lo resume así: las API «son mecanismos que permiten a dos componentes de software comunicarse entre sí mediante un conjunto de definiciones y protocolos»1. La API es, en el fondo, un contrato. Mientras el proveedor lo respete, quien la usa no necesita saber nada de lo que pasa dentro.
Una API por dentro: la petición que hice esta mañana
Para escribir este artículo, lo primero que hice fue preguntarle a Google qué completa cuando alguien teclea «que es una api». No abrí el navegador: lancé esta petición desde el servidor del blog.
https://suggestqueries.google.com/complete/search?client=firefox&hl=es&q=que es una api
Fíjate en que la petición es una dirección web normal con datos pegados al final: hl=es dice «en español» y q= lleva la búsqueda. Y esto es, recortado, lo que Google devolvió el 29 de septiembre de 20266:
["que es una api", ["que es una api en informatica", "que es una api rest", "que es una api key", "que es una api en ia", "que es una api y para que sirve", …]]
Ese texto con corchetes y comillas se llama JSON, y es el idioma en el que se contestan casi todas las APIs de la web: lo puede leer una persona y lo entiende cualquier programa. La web que recibe esa respuesta no tiene que interpretar nada; coge la lista y la pinta debajo de la caja de búsqueda. (Esa dirección de Google no está documentada como API oficial, pero el mecanismo es idéntico al de las que sí lo están, y por eso sirve de ejemplo.)
De esas sugerencias, por cierto, salen varios apartados de este artículo: la API key, la API REST y la API en IA son lo que la gente busca justo después.
Cómo habla una web con Google Maps
Es el caso más fácil de ver. La página de contacto de un restaurante enseña un mapa con su local marcado. El restaurante no ha dibujado ese mapa: su web se lo pide a Google a través de una de las APIs de Google Maps Platform, y Google se lo sirve ya hecho.
No todas las ventanillas cuestan lo mismo, ni siquiera dentro del mismo proveedor. Google tiene una API para insertar un mapa sencillo, la Maps Embed API, que según su documentación «es gratuita, con peticiones ilimitadas»2. Si en cambio la web usa el mapa interactivo que se programa a medida, Google cuenta cada carga. Desde marzo de 2025 ya no existe el antiguo crédito de 200 dólares al mes: cada servicio tiene un tramo gratis mensual, de 10.000 usos en la categoría básica (Essentials), 5.000 en Pro y 1.000 en Enterprise3. Pasado el tramo, el mapa dinámico cuesta 7 dólares cada 1.000 cargas y convertir una dirección en coordenadas, 5 dólares cada 1.000, según la tabla de precios consultada el 29 de septiembre de 20263.
Para la web de un negocio pequeño, la traducción práctica es esta: si solo necesitas que salga dónde estás, el mapa insertado resuelve y no genera factura. Si tu desarrollador propone el mapa interactivo, pregúntale qué API va a usar y qué pasa si un mes hay muchas visitas.
Cómo habla una app con ChatGPT
El segundo ejemplo es el que más se ve ahora. Una tienda online pone en su web un asistente que responde dudas sobre envíos. Ese asistente, casi siempre, no es una inteligencia artificial propia: la web recoge la pregunta del cliente, le añade instrucciones («eres el asistente de esta tienda, responde solo sobre envíos») y lo manda a la API de OpenAI, de Anthropic o de Google. El modelo escribe la respuesta, la API la devuelve y la web la enseña en la burbuja del chat.
Si alguna vez contratas algo así, ten en cuenta que la API se paga aparte. OpenAI lo deja claro en su centro de ayuda: ChatGPT y la plataforma de la API tienen sistemas de facturación separados, y pagar ChatGPT Plus no incluye usar la API4. Y que cobra por volumen de texto (se mide en tokens, trozos de palabra), así que la factura crece con cada conversación. En el artículo sobre agregadores de API de IA explico cómo se comparan esos precios entre proveedores.
Si has oído hablar de agentes de IA, la relación es directa: un agente es un modelo que, además de escribir, llama él solo a otras APIs, como la del calendario o la del correo, para hacer tareas. El informe anual de Postman, hecho con más de 5.700 desarrolladores y responsables técnicos, recoge que solo el 24 % diseña ya sus APIs pensando en que las usen agentes de IA, aunque el 89 % usa IA generativa en su trabajo diario5.
Cuando la API dice que no: lo que me pasó este mes
Este mismo mes he tenido dos casos en mis propios proyectos.
Esta misma mañana. Para ver qué páginas salen primero en Google con «qué es una api», este blog tira de la API de DataForSEO, un servicio de datos SEO que se paga por consulta. La respuesta fue un error: HTTP 402, el código reservado en la web para «hace falta pagar», que cada servicio usa a su manera7. La cuenta se había quedado sin saldo. Tuve que hacer esa comprobación a mano, con un buscador normal.
Entre el 22 y el 27 de septiembre. En AI SEO Battle, el experimento en el que cuatro IAs compiten por posicionar cada una su web, la IA de OpenAI se quedó sin jugar. Su API empezó a responder con un error 429 por crédito agotado. Se perdieron siete turnos antes de recargar, y hubo que programar turnos dobles para recuperarlos6. Las otras tres IAs, cada una con su API y su saldo, siguieron sin enterarse.
Si una parte de tu web depende de una API de pago, alguien tiene que vigilar el saldo y los avisos del proveedor, y la web debería saber comportarse cuando la respuesta es un error, en lugar de quedarse en blanco.
Qué es una API key y por qué nunca se enseña
Casi todas las APIs de pago piden una API key: una clave larga (en OpenAI empiezan por sk- seguido de decenas de caracteres) que va pegada a cada petición. Al proveedor le dice quién pregunta, qué puede pedir y a qué cuenta cargar el gasto.
Por eso una API key es una contraseña con contador. Si se filtra (por ejemplo, porque alguien la deja escrita en el código de la web que ve cualquier visitante), otra persona puede hacer peticiones a tu nombre y la factura te llega a ti. A quien te haga la web conviene exigirle que la clave viva en el servidor y nunca en la página que carga el navegador. Los grandes proveedores, como Google u OpenAI, permiten además restringir dónde se puede usar una clave, y si hay la menor duda de que se ha filtrado, se anula y se crea otra.
API REST, endpoint, webhook: las palabras que vas a oír
Si alguna vez hablas con un desarrollador, saldrán estas palabras. Con esto basta para seguir la conversación:
- API REST. El estilo más extendido en la web. Cada cosa que se puede pedir tiene su dirección y las peticiones viajan por HTTP, el mismo protocolo con el que tu navegador pide páginas. La del ejemplo de Google también viaja por HTTP.
- Endpoint. Cada una de esas direcciones concretas. «El endpoint de rutas» es la ventanilla donde se piden rutas.
- JSON. El formato de texto de las respuestas, el de los corchetes y las comillas.
- Webhook. La API al revés: en lugar de preguntar tú cada rato «¿ha llegado algún pedido?», el otro servicio te avisa cuando pasa. Es como dejar tu teléfono en la farmacia para que te llamen cuando llegue el encargo.
¿Le hace falta a tu negocio saber de APIs?
Programarlas, no. Saber que existen, sí, porque cada vez más cosas de una web funcionan así. El pago con tarjeta de una tienda, el envío de un boletín, el formulario que guarda el contacto en tu CRM o la herramienta que conecta todo eso sin programar, como Zapier o Make, se apoyan en APIs. El mismo informe de Postman señala que el 82 % de las organizaciones encuestadas ha adoptado en algún grado un enfoque en el que las APIs se diseñan primero, antes que la aplicación5.
Cuando te presenten un proyecto web que dependa de servicios externos, pregunta qué APIs usa y de quién son, cuánto cuestan si el uso se dispara, y qué ve el cliente si una de ellas falla o se queda sin saldo. Si quieres el contexto de cómo encaja todo esto con la propia web, está en qué es una página web.
Preguntas frecuentes sobre las APIs
¿Qué es una API y para qué sirve? Una API (interfaz de programación de aplicaciones) es un conjunto de reglas que permite a un programa pedirle datos o trabajo a otro. Sirve para que una web o una app use servicios ajenos, como un mapa de Google Maps o las respuestas de ChatGPT, sin tener que construirlos.
¿Qué es una API key? Es una clave larga que identifica a quien hace la petición. El proveedor la usa para saber a quién cobrar y qué permisos tiene. Funciona como una contraseña con contador: si se filtra, otra persona puede gastar a cargo de tu cuenta, así que nunca debe publicarse en el código visible de una web.
¿Qué es una API en inteligencia artificial? Es la vía por la que un programa usa un modelo de IA sin pasar por su web. Por ejemplo, el chatbot de una tienda envía la pregunta del cliente a la API de OpenAI y recibe el texto de respuesta. Se paga por uso y, en el caso de OpenAI, se factura aparte de la suscripción a ChatGPT.
¿Qué es una API REST? Es el estilo de API más extendido en la web: cada recurso tiene su dirección, las peticiones viajan por HTTP como las de cualquier página y las respuestas suelen llegar en JSON, un formato de texto que tanto las personas como los programas pueden leer.
¿Usar una API cuesta dinero? Depende del proveedor. Hay APIs gratuitas, otras con un tramo gratis al mes y otras que cobran cada petición. Google Maps, por ejemplo, permite insertar un mapa sencillo gratis y sin límite, mientras que el mapa interactivo cobra a partir de un número de cargas mensuales.
Enlaces de interés
Agregadores de API de IA: qué son y cuándo no te hacen falta El siguiente paso si vas a usar varias APIs de IA a la vez. OpenRouter vs API directa Comisiones, privacidad y cuándo compensa cada opción. Qué es un agente de IA Modelos que llaman a otras APIs por su cuenta para hacer tareas. Google Maps Platform — Precios La tabla oficial con los tramos gratis y el coste por cada 1.000 usos. Ver más en el directorio de enlaces →Fuentes
- Amazon Web Services, «¿Qué es una API?». aws.amazon.com
- Google Maps Platform, «Maps Embed API: uso y facturación». developers.google.com
- Google Maps Platform, «Precios de Google Maps Platform» y «Cambios de marzo de 2025», consultados el 29 de septiembre de 2026. developers.google.com/…/pricing · developers.google.com/…/march-2025
- OpenAI Help Center, «Managing billing for ChatGPT and the API platform». help.openai.com
- Postman, «2025 State of the API Report». postman.com
- Datos propios: petición al autocompletado de Google lanzada el 29 de septiembre de 2026 desde el servidor de este blog, y registro de AI SEO Battle (turnos de OpenAI perdidos del 22 al 27 de septiembre de 2026).
- MDN Web Docs, «402 Payment Required». developer.mozilla.org